Costa Rica es un país que se proclama referente regional en sostenibilidad ambiental, por esto el reciclaje en este País ha aumentado su presencia entre la ciudadanía, pero aún enfrenta retos estructurales significativos. De acuerdo con una encuesta reciente del Instituto Nacional de Estadística y Censos de Costa Rica (INEC), el 62 % de los hogares del país separan algún tipo de residuo, un avance en la conciencia ciudadana, aunque la gestión integral de residuos aún es desigual en alcance y eficacia.
Sin embargo, más allá de cifras y estadísticas, existe un movimiento humano y creativo detrás de esta práctica ambiental: mujeres emprendedoras y artistas titiriteros que, muchas de ellas migrantes, transforman desechos en oportunidades económicas, culturales y sociales. Este reportaje explora cómo el reciclaje se convierte en herramienta de integración, identidad y resiliencia en las vidas de quienes han elegido Costa Rica como su nuevo hogar.
El reciclaje en la vida cotidiana y su contexto nacional
Costa Rica genera millones de toneladas de residuos al año. Según datos de la OCDE, solo un porcentaje reducido alrededor de 10,7 % en 2022 de los desechos generados se recupera mediante reciclaje, compostaje y procesamiento, con reciclaje directo representando menos de la mitad de esa cifra. Este rezago se vincula con limitaciones en las infraestructuras municipales y la escasa disposición de servicios integrados en muchas comunidades.
Pese a estas brechas, la separación en origen gana terreno como práctica cotidiana. En zonas urbanas y rurales, familias separan plástico, vidrio, cartón y aluminio, aunque la gestión final de estos materiales depende aún en gran medida de iniciativas privadas, cooperativas y emprendimientos comunitarios.
El reciclaje no es solo una práctica ambiental; representa también una oportunidad económica para miles de personas. En un país donde la migración ha crecido de manera constante y diversa, la participación de poblaciones migrantes y sus aportes a la economía informal y creativa emerge como un punto clave para entender las dinámicas socioeconómicas locales.
Mujeres migrantes y la economía del reciclaje
Para muchas mujeres migrantes que llegaron a Costa Rica desde países vecinos de Centroamérica principalmente Nicaragua, Colombia, El Salvador o Venezuela el reciclaje resultó en una forma tangible de construir medios de vida en contextos donde el acceso al empleo formal puede estar restringido por barreras legales, lingüísticas o de discriminación. Costa Rica es uno de los destinos principales para migrantes en la región; históricamente, alrededor de una parte significativa de su población migrante proviene de Nicaragua, y en general el fenómeno migratorio ha estado en aumento.
Aquí, mujeres emprendedoras han encontrado en los residuos una materia prima y en la comunidad migrante una red de apoyo. Organizaciones locales y redes de reciclaje lideradas por mujeres se han convertido en centros de capacitación, donde se aprende desde la separación de materiales hasta la elaboración de productos artesanales o industriales.
Para María, una migrante nicaragüense radicada en San José desde hace seis años y dueña de “La mecha mecánica” empresa de utensilios de limpieza , el reciclaje fue la puerta de entrada a su propio emprendimiento:
“Recuerdo que comencé recolectando plástico y cartón de mi barrio, hasta que aprendí a hacer artesanías recicladas que vendía en ferias. Hoy tengo un taller pequeño y empleo a otras mujeres migrantes. Aquí, el reciclaje nos da dignidad y sustento”.
Esto refleja una tendencia observada en proyectos comunitarios que combinan reciclaje con empoderamiento económico para mujeres migrantes, aunque aún hay pocos estudios oficiales que cuantifiquen este fenómeno sectorial con precisión.
Además de oportunidades económicas, la participación en cadenas de reciclaje contribuye a la integración social. Según el Plan Nacional de Integración de Costa Rica, las políticas públicas buscan facilitar la incorporación de migrantes en áreas como empleo, educación y servicios comunitarios, aunque la realidad en terreno aún exige procesos comunitarios propios más allá del marco institucional
Arte, identidad y reciclaje: Los titiriteros como narradores de historias migrantes
El reciclaje no solo se practica en talleres; también se transforma en arte y expresión cultural. Un sector representativo de esta convergencia es el de los artistas titiriteros creadores de teatros de títeres como el colectivo de artes escénicas Rebrote, que emplean materiales recuperados para construir marionetas, escenografías y utilería. Estas obras no solo ofrecen entretenimiento, sino que, en muchos casos, cuentan historias de migración, memoria y lucha, tal como lo hace su más reciente espectáculo “Erase Una Vez un Pueblo Hecho de Cartón”.
Desde la perspectiva de Carlos Bellos parte de Rebrote artes escénicas comunidades mixtas de Costa Rica, los espectáculos de teatro de títeres reciclados se han convertido en espacios de encuentro intercultural. A través de materiales desechados que vuelven a la vida en manos de artistas, se narra la experiencia de cruzar fronteras, de la nostalgia por el hogar, de la solidaridad entre migrantes y locales y de la lucha por la inclusión social.
La creación de marionetas con materiales reciclados no responde solo a una estética ecológica, sino a una poética de la resiliencia: las manos que una vez recogieron plástico o cartón ahora cuentan historias que conectan generaciones y culturas. La dramaturgia de estos espectáculos suele explorar temas de pertenencia, identidad y transformación, abriendo diálogos sobre la migración y la convivencia multicultural en Costa Rica.
Desafíos y oportunidades hacia una integración socioeconómica real
A pesar de estas experiencias inspiradoras los desafíos estructurales persisten. Las personas migrantes en Costa Rica enfrentan muchas barreras para acceder a empleos formales, servicios y seguridad social, lo que refuerza su dependencia de economías informales, incluyendo reciclaje y emprendimientos creativos. Estudios sobre integración socioeconómica señalan que, aunque existe un marco institucional para facilitar la inclusión de migrantes en servicios públicos y educación, aún hay brechas reales en acceso a servicios y empleo estable.
Ariel Romero, ambientalista costarricense nos comenta qué la falta de infraestructura de reciclaje adecuada en muchas municipalidades obliga a organizaciones comunitarias a llenar vacíos, lo que si bien promueve innovación social también revela una falla estructural. La combinación de reciclaje con iniciativas emprendedoras y artísticas genera impactos locales positivos, pero su escalabilidad requiere apoyo institucional, alianzas público-privadas y políticas que valoricen el aporte de mujeres migrantes al desarrollo sostenible.
Más allá del desperdicio, una nueva narrativa colectiva
En la consulta al ambientalista Ariel Romero nos comenta qué, en el rostro de Costa Rica, el reciclaje emerge no solo como un acto ecológico, sino como una práctica social que incorpora historias de migración, resiliencia y creación. Para mujeres emprendedoras y artistas titiriteros migrantes, los residuos reciclables no son basura, sino recursos para reconstruir vidas y narrativas.
Si bien las estadísticas muestran avances modestos en la gestión de residuos y retos por superar, Para el ambientalista Romero, el verdadero valor del reciclaje en Costa Rica se encuentra en las manos que lo transforman en sustento, arte e integración. Estas historias demuestran que el reciclaje, en contextos de migración, puede convertirse en un puente hacia la integración socioeconómica y cultural, donde las fronteras se diluyen y prevalecen los lazos humanos.
Periodista: Jeafrey Lara
Con el auspicio del Fondo de Canadá para iniciativas locales de la Embajada de Canadá para Costa Rica, Nicaragua y Honduras.
